Cómo un trozo de cartón llevó a un becario a dar la vuelta al mundo

Ahora cualquier excusa es buena para montarte un Interrail a lo grande.

the backpacker internHace relativamente poco, me encontraba trabajando en una agencia de publicidad como becario.
Y tenía todo lo que un buen becario podría desear: un sueldo que empezaba por un 0 más perfecto que la boca de Sasha Grey, un horario mucho más amplio de lo que estipulaba mi convenio, tareas que harían las delicias del mejor mayordomo habido y por haber y poder trabajar los fines de semana a cambio de pizza. Vamos, que un poco más y me da un orgasmo del prestigio que cogí ahí. Un día aleatorio, mis jefes me dijeron la brillante perla de “no por viajar 3 días a algún país de Europa gracias a Ryanair has visto mundo”. Como si los jóvenes becarios que, como yo, salieron del seno familiar y dejaron de mamar del dulce pezón que supone vivir bajo el manto de tus padres, tuviéramos alguna alternativa que no fuera viajar por Ryanair gastándonos menos de 150 euros. Como si pudiendo elegir entre unas vacaciones en hoteles de cinco estrellas y viajando en primera clase yo, que acabo de salir de la universidad y por lo visto no llegara ni al coeficiente intelectual de Mariló Montero, y decidiera viajar de mochilero peregrinando en toda clase de hostales y viviendo lo que un asalariado viviría en 5 días, en 2.

¿Acaso no era válida esa manera de viajar? Me preguntaba, ¿no es incluso más valioso dormir en una habitación con desconocidos, compartir vagones en tren con toda clase de personas, lanzarte a la aventura y curtirte de experiencias que de una manera u otra, te permitan hacer un esbozo de lo que realmente hay ahí fuera? Pero como en todo conflicto becario vs jefe, la perra gorda siempre será para el segundo.

Mark van der Heijden decidió poner solución a tal disyuntiva. Como muchos otros, este amsterdamés sintió a principios de año que su ciudad natal se le quedaba pequeña, que había mucho más ahí fuera por descubrir y se lo estaba perdiendo a costa de trabajar todos los días entre las mismas cuatro paredes. (Espera, ¿alguien se puede cansar de vivir en Amsterdam?). Después de más de seis años de experiencia en el mundo de luces y sombras de la publicidad, Mark renunció su trabajo en una prestigiosa y popular agencia de publicidad y puso rumbo a un intenso viaje a coste cero.

Para poder financiarse su expedición, utilizó ese ingenio que le había hecho pasar de becario a mercenario, y empezó a anunciar su idea a través de todos los canales con los que contaba, empezando por su blog “The Backpacker Intern” (El becario mochilero). La idea era sencilla: utilizar el trueque como moneda de cambio. A base de ofrecer su trabajo y su experiencia como redactor, pide a cambio un lugar donde dormir y comida con la que alimentarse. Fácil y sencillo. De esta manera, pensó Mark, podría viajar alrededor del mundo de una manera humilde, libre y creativa. Vamos, ser el Willy Fog de los becarios.

Así, y después de viajar durante medio año, el becario ha cumplido con creces su sueño, visitando países tan dispares como Tailandia, Malasia, Camboya, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos o Bombay. Será que estas tierras son parada obligatoria para cualquier viajero que se precie. Después de este tiempo y gracias al éxito y la difusión que ha tenido en los medios de comunicación, ha alargado el viaje hasta finales de año. “El mundo se mueve más rá- pido que la mayor parte de las agencias y marcas, por ello la clave del éxito para las agencias reside en cambiar al mismo ritmo que el mundo”, capitula el holandés en una entrevista reciente.

Pero dar la vuelta al mundo sin pagar ni el champú del hostal no es lo único que ha conseguido nuestro protagonista. La aventura está llegando a su fin y, de momento, cuenta con más de 700 ofertas de trabajo de todo el mundo sobre la mesa (o en su riñonera, si lo preferís) y un destacado en la revista AdWeek (el TIMES de la publicidad).

“Es una locura, y nunca me habría esperado esto, pero estoy muy agradecido y disfrutando de la aventura que es este viaje cada día”.

DDBDoCuenta Heijden que tras dar una charla, un hombre de 60 años se acercó y le dijo: “Si empiezas a trabajar para personas en vez de para marcas, te convertirás en una persona muy influyente”. Así describe Mark el resultado: “Después de mi discurso en TEDxTeen, recibí tantas cartas de gente de todo el mundo diciéndome cuánto les había inspirado, que enseguida me di cuenta de que ya estaba marcando la diferencia”

Ya lo decía Kerouac, la vida es un país extranjero. Si hoy tuviera la oportunidad de responder ante las palabras de los que por aquel tiempo eran mis jefes y me aseguraban que viajar barato no es viajar, les contaría la moraleja detrás del periplo de Mark van der Heijden: tenemos la necesidad de acceder a ese éxtasis cognitivo, una tormenta neurológica de placer estimulante que nos da aprender y ver cosas nuevas. La experiencia de descubrir nuevos lugares se convierte en placer cuando logra su objetivo.

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2 pensamientos en “Cómo un trozo de cartón llevó a un becario a dar la vuelta al mundo

  1. Me encanta la forma de redactar que tienes y la historia es interesante. Sigue así 😀

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