De cómo un caballo mató a Nietzsche

calaveras rosasSiempre me ha gustado Nietzsche. Creo que jamás he encontrado ningún texto suyo en el que estuviera en desacuerdo con lo que explicara. Y si, ahora quitas el maldito Facebook o Tuenti (peor me lo pones) y lees en voz baja porque servidor, se pone serio.

Desde pequeño he estado ligado a la filosofía. Mi padre dio clases en la universidad de filosofía, de ahí que siempre me haya regalado libros interesantes que hicieran que me cuestionara todo y a todos. Supongo que esa característica se fue desarrollando en otra que dio lugar a mi inconformismo, pero bueno, eso no es menester que nos trae aquí, y si quieres saber eso, los de la Super Pop me han dicho que saldré en el próximo número preguntando todas estas cosas.

Pocos saben que Nietzsche empezó a desarrollar la parálisis terciaria con la que fallecería a raíz de un hecho insólito ocurrido el 9 de enero de 1899 en una plaza de Turín, donde ve a un caballo morir y enseguida cae a por el, mientras lo abraza llorando y gritando desconsoladamente. Se lo llevaron a su casa donde llamaron a un psiquiatra mientras Friedrich se proclamaba sucesor de Dios, que según él había muerto. Fue a partir de ahí cuando empezó a desarrollar su locura hasta el día de su muerte en 1900, donde fue enterrado de blanco.

No creo que muchos logren a entender esta curiosidad más allá de alguna extravagancia; sin embargo yo opino que si atendemos a alguna de sus frases como “Los monos son demasiado buenos para descender del hombre” o “Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él, al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal feliz”,  podemos empezar a vislumbrar el excepcional ser humano que era Nietzsche. Supongo que hubiera sido feliz si al morir se hubiera reencarnado en algún otro animal, ya que la humana no le parecía para nada la mejor a escoger.

pasividadIncluso toda esa crítica social que desbordaban sus obras, siguen siendo perfectamente vigentes a día de hoy, y más en el contexto económico en el que nos encontramos. Su frase “Si sólo se dieran limosnas por piedad, todos los mendigos hubieran muerto ya de hambre“, no hace más que recalcar la hipocresía del ser humano. No comparto al 100% que todos nos comportemos siguiendo un mismo patrón, o que todos seamos iguales para con el prójimo, pero sí que es verdad que en su mayoría hacemos ese tipo de acciones -donar, dar limosna, etc-, para sentirnos desarrollados y buenas personas y poder dormir por las noches en paz.

Le he admirado más allá de sus teorías y afirmaciones, por la forma en la que tenía de enfrentarse y enfocar a la vida. Puedo encontrar en sus míticas frases algunas como “Si miras de muy cerca a la vida, es insoportable“, pero no era el típico filósofo que simplemente se limitaba a criticar y criticar, Nietzsche aportó un modo de vida con el que afrontar el día a día, la sociedad y el ser humano que en ocasiones -coincido con ilustre-, termina siendo la raza más peligrosa de todas las existentes. Así, podemos ver que ante la última frase, propone: “No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada“.

Incluso su filosofía social, en el que él mismo determinaba quién era digno de estar a su lado o no: “Yo necesito compañeros, pero compañeros vivos, no muertos y cadáveres que tenga que llevar a cuestas por donde vaya” hace que sea el filósofo con el que más identificado pueda sentirme. Seamos sinceros, estamos viviendo en un mundo cada vez más individualista, y en el que dentro de la “jaula invisible” de la sociedad, somos capaces de responder no a nuestra ética o moral, sino ante nuestros instintos e impulsos de cualquier tipo. Desaparecen las barreras, se imponen los deseos. Y cada vez importa menos a quienes nos llevemos por delante para conseguirlo. Nada ni nadie. Es fácil descifrar el pensamiento de un grande de la filosofía teniendo la premisa “Dios ha muerto”, que se imponga el superhombre en “Así habló Zaratustra”.

Toda una pena la -perdón por el término- porquería en la que convirtió su hermana sus obras no terminadas al modificarlas durante la dictadura nazi para con su ideario.

Termino esta entrada con una de mis frases favoritas del bigotes por excelencia de la filosofía:

                                Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia, es, más bien, condición de ella.
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